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miércoles, 7 de octubre de 2009

Los valores no se enseñan, Se inculcan.

Proyecto de la mano de la diputada electa, Nacha Guevara.

Las mañanas de Continental, de la mano de Magdalena Ruiz Guiñazú y su equipo de colaboradores es ya de por sí una fuente donde abrevar y poder tener los temas para desarrollar posteriormente con más calma para discernir sobre las palabras de los entrevistados.
Esto es por lo menos aquello que me sucede con bastante asiduidad, tanto escuchando su programa como el de Víctor Hugo, el Morales de deportes, parafraseando ciertas interpretaciones que lo asocian a “Los Miserables” que como todos bien sabemos es del cuño de Víctor Hugo, pero no de éste, que si bien ha tenido que vérselas con algunos, ha podido ampliar su espectro de incumbencias y acrecentar su riqueza cultural para discernir entre los unos y los otros.
Pero yendo al tema que me llevó a escribir ésta nota, debo decir que el martes 28 de julio de 2009 en el programa de Magdalena fue entrevistada Nacha Guevara, la diputada electa en las últimas elecciones legislativas, por el Frente para la Victoria que presiden los esposos Kirschner.
La entrevista versó sobre un proyecto que aparentemente esta llevándose a la practica en España, con aparentes buenos resultados, según sus propias aseveraciones, que consiste en enseñar en las escuelas los valores, suponiendo que hacia referencia a los valores éticos y morales principistas que hacen de las personas seres de bien.
Porque supongo, simplemente porque en el transcurso de la entrevista no lo dijo, no explicó que valores intentaban enseñar y se sobrentendió, que los valores que pretenden enseñar son estos y no aquellos que nutren la pantalla de la televisión abierta, salvo contadas excepciones.
No pretendo desconocer el supuesto éxito del programa en España, pero los valores principistas se inculcan con la acción individual de los mayores ante las nuevas generaciones que observan como el ejemplo les brinda un espejo donde mirarse y mirar al futuro.
Desde esa óptica, la gran falencia de nuestra sociedad, es evidente.
Como podrán enseñarle a los chicos y jóvenes los valores cuando ven el comportamiento de sus mayores, no hablo aquí de sus padres o familiares directos que quizás hacen el permanente sacrificio de los héroes anónimos de nuestra sociedad de inculcar con el ejemplo, sin los resultados que pretenden, porque la sociedad y el sistema los ignora o margina sin permitirles ni siquiera sobrevivir.
Me refiero a quienes deberían definir las políticas y programas que permitan a estas personas consolidar sus proyectos laborales, su vida plena, obtener los servicios básicos de educación, salud y vivienda, servicios que son responsabilidad del Estado, siguen siendo metas inalcanzables, totalmente distorsionadas que no responden a la verdadera necesidad de la sociedad.
Una sociedad que prioriza el éxito efímero, mediático y concibe la popularidad como una moneda de cambio, que muy pocos alcanzan, con el consabido deterioro de los aspectos familiares, base nuclear de toda sociedad.
Una sociedad que no tiene en cuenta esto, que se desinteresa por los verdaderos valores y prioriza la estupidez, se encamina al fracaso. En este marco de situación debe recurrir a la prueba de recetas utópicas que sólo sirven para justificar el dudoso accionar de funcionario y burócratas, digitados desde y por, las conveniencias políticas.

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