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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Carta Abierta (La carta que originó esta respuesta busquela en indoamericano)

Intolerancia y Sectarismo


Recientemente me llegó a mi correo la nota realizada por el Prof. Pedro Godoy P. del Centro de Estudios Chilenos CEDECH referida a los indígenas y titulada “indios o Nacionales”. Nota que ya desde el título denota un desconocimiento supino de la realidad indígena del continente.
Me tomaré el trabajo de responder a sus términos en la medida que creo firmemente en salirle al cruce a estos personeros del sistema impuesto quienes confunden todo y lo meten en la misma bolsa, como sé hacia en la década de los sesenta y setenta en toda América Latina.
En primer lugar no existe la dicotomía “indios” o “Nacionales” toda vez que no existe nada más digno del “ser nacional” que nuestros indígenas.
Por otra parte nadie confunde, sólo los despistados, indigenismo con indianismo, es esta última concepción la que crece exponencialmente desde 1980 ante la intolerancia y el absolutismo militante de un indigenismo recalcitrante y paternalista.
Decir tan suelto de cuerpo “... La moda impide comprender que lo incaico, lo tiahuanocota, lo azteca y lo muisca así como lo araucano hoy son piezas de museo...” es en sí mismo una muestra cabal de lo despistado que el supuesto prof. está en su interpretación de la realidad.
Aquello que él llama moda es la permanente búsqueda de soluciones al despotismo en que desde 1492 se impuso como sistema para con los pueblos naturales del territorio, potenciado desde 1980 donde Fausto Reinaga realizó el gran llamamiento de Ollantaytambo que dio comienzo a la búsqueda de un indianismo militante que, como dije, creció desde entonces a pasos agigantados y hoy es la filosofía imperante en las luchas por una genuina reivindicación de los derechos ancestralmente adquiridos por los pueblos indígenas del Continente.
Decir con total desconocimiento de una realidad vivencial “... lo incaico, lo tiahuanocota, lo azteca y lo muisca así como lo araucano hoy son piezas de museo...” es desconocer que en América Latina las mal llamadas “minorías étnicas” en la mayoría de los Estados Nación son, en la pirámide de población de los respectivos Estados, una mayoría que reclama sus derechos: México tiene el 48% de la población, en el estado de Yucatán en el último censo se contabilizaron el 59% de población indígena que vive con sus propias pautas culturales y son tan Mexicanos como el que más. En Bolivia corresponden al 63% de la población global del país.
En Ecuador el 45% de la población es indígena y de ellos el 80% vive precariamente.
En su país, Chile, que posee la población Indígena más numerosa del Cono Sur, que junto con mi país Argentina, (3% contra el 1% oficial) tienen la tasa más reducida de población indígena del continente.
“... La población indígena de Chile, cifras oficiales, es hoy del 4,6 de la población global pero existen dudas según las propias palabras del mismo Sebastián Donoso, hoy Coordinador de Políticas Indígenas del Gobierno de Piñera, llamaba a no asombrarse por la baja de población y que esta correspondía a un interés político porque “para nadie es un misterio que la cuestión numérica es vital en el marco de las demandas etno-autonómicas de los grupos indígenas”.
Ahora Donoso está en la Institucionalidad y deberá enfrentar la disyuntiva. ¿Cómo era posible que el INE errara tanto el cálculo? ¿Cómo era posible que pasáramos de ser el 9,2% de la población a ser el 4,6%? Y en diez años se perdieran el 30,67% de la población indígena; ¡se habían perdido por prestidigitación estadística 306 mil personas!...”
La raíz misma de la causa indígena de América, polifacética y de características muy conflictivas para los Estados Nación obedece a la impronta que cada Estado Nacional les impusiera como premisa de supervivencia haciendo de los adjetivos que proliferaron en las décadas de los sesenta y setenta: Mestizo, campesino, criollo, eufemismos que intentaron desdibujar el verdadero peso de los derechos ancestralmente adquiridos y públicamente reclamados.
Es una mentira artera y solapada argumentar “... autonomía y hasta soberanía...” que buscan la creación de “nuevos estados” que se contrapone con la búsqueda de su genuina “Nacionalidad”.
La nacionalidad es la razón de existir de un pueblo en un entramado social en el que la lengua, religión o mística común, costumbres y formas de vida se integran en su cultura para otorgarle una identidad propia.
Llamarlos “Araucanos” es una falacia y una ofensa ya que es un gentilicio inventado por los españoles y muy utilizado para crear la falsa figura de una Guerra, la “Guerra del Arauco” que intentó justificar, con la valiosa ayuda de Alonso de Ercilla con su “Araucana” y su amigo el “Loco” Aguirre, (Lope de Aguirre) la conquista o usurpación del territorio de la región oeste del cordón Andino, actual Chile.
Le recomiendo leer “Economía Mapuche” de José Bengoa y Eduardo Valenzuela Ed.PAS, Chile; “Los Mapuches y la Tierra” de Gonzalo Bulnes A. Ed. PAS, Chile; “Un conflicto de identidad” y “La Cuestión Mapuche” estas dos últimas puede bajarlas gratuitamente en www.editorialfps.com.ar
Si lo lleva a usted a escribir, abordando el tema, asumiendo un compromiso sectorial y a mi a contestarle, mal hace en decir que “... son piezas de museo ...” por el contrario es una causa viva, militante que reclama, en el entramado social de “Hispanoamérica”, como usted la llama, a esta Amerindia originalmente Abya Yala que sufrió el flagelo de las potencias colonialistas y se construyó a sí misma para proyectarse al presente, ser incluida genuinamente e igualdad de posibilidades en la proyección de una nación.
Desde el moderno pensamiento social no reniego de mi identidad por lo cual mal sería negar nuestra pertenencia al mundo hispanoparlante y a la porción de esta Amerindia que se considera Hispanoamericana pero esta sería la única concesión posible hacia España.
Hablamos castellano, no español, español hablan en la península, donde se sabe tienen graves problemas con 36 regiones lingüísticas que reclaman la potestad de poder utilizar su lengua, que no significa autonomía o independencia política, es en definitiva el rasgo que identifica a un pueblo y le otorga nacionalidad.
Aún cuando el idioma oficial de España es el castellano.
Un principio de justicia y equidad para con nuestra propia identidad e independencia social, política, económica, reside en rescatar las cosa más simples en la conciencia colectiva de nuestro entramado social.
A esto no son ajenos el repudios a las fechas conmemorativas de hechos y sucesos ajenos a nuestra identidad, nacionalidad y valores principistas.
Conmemorar en nuestros respectivos países fechas como el 12 de Octubre significa convalidar un hecho que destruyó gran parte de este continente sobre cuyas ruinas edificó una nueva identidad que se pretende sea silenciosa y acepte calladamente su destino impuesto, cuestión que con justa razón, y derecho, hemos desoído para intentar rescatar nuestra verdadera identidad Amerindia.
Que lo festejen en España, nosotros aquí conmemoraremos silenciosamente y como corresponde el último día de libertad el 11 de octubre, día aciago para los pueblos del Continente.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Subsidios Sí, Subsidios No.

Esta cuestión antagónica, si se quiere nunca se nos presentó como un dilema a los Argentinos, los subsidios aparecieron en la vida económica de los usuarios para hacerles la vida “más llevadera”, de tal manera que justificara los negociados de los funcionarios que tenían en sus manos la relación con las empresas subsidiadas.

          El Estado Nacional debe hacerse responsable de haber otorgado estos beneficios a las empresas, aún cuando al hacerlos el usuario fuera beneficiado durante su articulación pero no fue consultado para su aplicación.
Es cierto que la actual administración ya se encontró con un Estado subsidiador pero no menos cierto es que sus funcionarios usufructuaron los beneficios de los subsidios a empresas deficitarias que jamás reinvirtieron aquello que el Estado les otorgaba.
Quién fuera Secretario de Transporte de esta administración, el cordobés Ricardo Jaime es la figura emblemática de este desquiciado sistema de subsidios inconsultos.
Quizás el único beneficio más genuino y autentico es haberle permitido a los usuarios transitar etapas difíciles de su economía familiar, con mayor soltura.
Sin embargo no menos cierto es que cada administración recibió a cambio la seguridad de un movimiento más fluido del trabajador a sus respectivas actividades.
Entonces ¿Porqué motivo el usuario debe opinar ahora sobre aquello que le impusieron, aún cuando le permitió un cierto alivio en su economía domestica?
No sería lo más correcto que el Estado hallara la forma de eliminar los subsidios manteniendo por un tiempo y en forma gradual las tarifas que el usuario debe pagar, creo que es no sólo una obligación sino un derecho que el usuario se ganó.


La Historia revisada

Claro que debe revisarse la historia y para ello sólo basta que quienes hacen esto lleguemos a ser dignos de aquello que se espera de nosotros.
No basta crear nuevas instituciones colegiadas o académicas para definir el estudio de la historia, simplemente debería ser una condición fundamental integrarse a las organizaciones, ya existentes, y desde ellas bregar por un revisionismo serio.
No permitir que se defenestre a un investigador, historiador o ensayista por el sólo hecho de discrepar con la historia oficial o plasmar una semblanza de un personaje encumbrado y abordar su vida como un ser humano simple y sencillo.
Existen historiadores mediáticos, que utilizan tanto las letras como la pantalla chica para promocionarse él y su obra.
Ensayistas que hacen de la historia una especie de “Intrusos” en el que relatan las historias cotidianas de los hombres y mujeres, abrevando en cartas intimas o personales, tomadas como documentos públicos.
Según mi forma de pensar nada de esto esta reñido por la ética en la medida que la ética misma se halle entre nuestros valores intrínsecos y sepamos hacer uso de ella.
Aún recuerdo lo mal que recibieron el “Don José” de mi querido amigo José Ignacio García Hamilton, (foto) aquellos que no se permitían ver al San Martín humano y preferían mantenerlo en el bronce.
No es creando nuevas instituciones para el estudio de la historia, divide y reinaras, como recrearemos la historia que escriben los que se imponen en el entramado social de una nación, sino haciendo una nueva revisión de los hechos que la construyeron e influyeron en la vida del país, sus hombres y mujeres hasta nuestros días.

Ruben Amilcar Spaggiari