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jueves, 8 de octubre de 2009

Para una antropología del tercer milenio

Antropólogos a Marte, se buscan
Educacion
Colocado por: Rubén Amilcar Spaggiari (200-42-74-113.wll.prima.net.ar) Fecha: Lunes, 11 Octubre 2004, at 1:01 p.m.

Los antropólogos que se aferren sólo al andamiaje académico, surgido del esfuerzo y sacrificio de quienes los precedieron en su construcción, sin vivenciar el presente en la praxis cotidiana y avizorar el futuro, pierden la capacidad de formar a las nuevas generaciones en el inexorable camino hacia las estrellas.

Rubén A. Spaggiari para FPS/D21 raspaggiari@argentina.com fotoprensasudamericana@argentina.com
Ya está en progreso la aventura humana de colonizar nuevos territorios fuera de nuestro planeta. El hombre se enfrenta al enorme desafío de vencer su propia autodestrucción en nuestro planeta, jaqueado por la polución, la sobreexplotación y la superpoblación o iniciar la conquista de otros cuerpos celestes aptos para la vida humana tal como la conocemos.
También intentará poblar aquellos planetas cuyo sistema no le sea apto, utilizando la tecnología y conocimientos a su alcance, si éste le ofrece recursos requeridos para afianzar sus objetivos inmediatos o consolidarlos a largo plazo.
Tan sólo en el camino que resta por concretar de éste logro humano, insignificante en tiempos siderales, los antropólogos deberán asumir que se está modelando un nuevo orden social al que no pueden estar ajenos. Los antropólogos tienen la obligación de incorporarse activamente en éste viaje que la humanidad esta gestando hacia su inexorable destino.
Ya no como meros pasajeros y espectadores en esta "nave espacial" que, en nuestra obcecada obstinación estamos destruyendo, sino como actores de nuestro propio destino, ese gran salto que la humanidad comenzó en 1957 y consolidó en 1969.
Muchos ni siquiera lo entendieron pero fue justamente en ese momento cuando daba nacimiento la nueva antropología. Cuando Roberto Pitluck se refería a esto en el "2° Congreso de antropología Social" realizado en la UBA en 1982 escribía "Una antropología para el siglo XXI", algunos no lo comprendieron.
Fue en ese mismo congreso cuando dije que el antropólogo se hace en el terreno, en la calle, con la gente y no en los cómodos escritorios o en los claustros académicos, esos sitiales de prestigio deberían estar reservados para quienes, habiendo cumplido esta premisa en el estudio del otro, han acumulado suficiente experiencia como para transmitirla.
¿Cómo puede el antropólogo contribuir al desarrollo y formación de esta nueva sociedad, de estas nuevas colonias que comenzarán a gestarse en espacios reducidos, expuestos a condiciones nuevas, muchas veces peligrosas?
¿Cómo se integrará a ser parte de estos cambios si renegaron de las altas tecnologías, se aislaron en compartimientos estancos y cerraron los ojos a las múltiples evidencias y manifestaciones que, aquí en nuestras culturas nos hablan de algunas de las posibilidades más descabelladas que la especie humana pueda concebir?
Los seres humanos, y los antropólogos en primer lugar, deben hacer un permanente ejercicio por comprender las manifestaciones más "descabelladas" y no cerrarse a las nuevas áreas del pensamiento y las ideas.
Nada nos obliga más a bucear en nuestro pasado como los enormes interrogantes que el hombre se plantea al preguntar: ¿Estamos solos? ¿Cuál es nuestro objetivo en este mundo? ¿Cuál es el la función del hombre en el universo? Y aún cuando muchos creemos tener las respuestas, nada se compara con su búsqueda desde una posición activa, abierta y comprometida con el porvenir.
El ser humano, los antropólogos en especial, le tienen miedo a los cambios y éstos reniegan de la especulación Todo aquello que hemos aprendido y asimilado será el andamiaje que contribuirá a levantar los cimientos de ese devenir, los geólogos han avanzado mucho en éste camino, ellos están participando activamente en la construcción de la exploración hacia nuevos territorios.
Por ahora comparan, aquello que ya saben con los nuevos hallazgos dando nuevas respuestas a viejos interrogantes. La exploración del planeta rojo es el paradigma de su activa participación. Se me dirá que por ahora el antropólogo, quizás, no tiene a quien comparar o estudiar, “el otro” fundamental de la antropología, acostumbrados a buscar al otro fuera, para comprendernos a nosotros mismos, por lo tanto podemos contribuir desde nosotros a una mejor comprensión e interrelación de esas nuevas sociedades en formación.
El gran impedimento para comprender este gran paso que deben dar los antropólogos es quizás haber cerrado los ojos durante años a las miles de evidencias surgidas desde nuestro propio pasado. Si no nos hubiéramos desoído aquellas palabras de Svante Arrenius con su postura de la Paspermia o las más moderna de Francis Crick sobre la Paspermia Dirigida. Si hubiéramos dejado abierta nuestra conciencia totalizadora, sin atavismos ni preconceptos comprendiendo que el hombre no nació, más allá de abrazar la teoría de la evolución, por generación espontánea en este terrón que flota en el espacio. Si no hubiéramos sido tan necios y soberbios para desechar manifestaciones evidentes que nos hablan de los procesos cíclicos de la presencia de la “vida” en nuestro planeta.
Baste reconocer que nuestra humanidad pasó de evidenciar su existencia, desde la África milenaria, de 5.000 a 3.600.000 años cuando la tierra tiene 4.500.000.000 de años. Los seres humanos y en especial los antropólogos son resistentes a los cambios, éstos últimos reniegan de la especulación, siendo que la ciencia es en sí misma especulativa, que es sino una hipótesis más que una fundamentada especulación, a través de la cual se contribuye al crecimiento del pensamiento y las ideas al alimentar la controversia el disenso o aprobación de sus postulados.
Han sido utilizados como agentes de penetración, herramienta barata de dominación, por las potencias colonialistas desde siempre. Han analizado, estudiado, desmembrado en sus partes a las sociedades humanas que no conocíamos, a la vez que interactuábamos con ellas, muchas veces para su propio mal.
Muy a pesar de todo existe un bien ganado prestigio en la sociedad global dominante, de la disciplina y sus cultores, y sin embargo en países del tercer mundo o mal llamados en vías de desarrollo, como los nuestros los antropólogos son simples escribientes en oficinas gubernamentales siguiendo prácticas y planes de “protección” al indígena o realizando proyectos de investigación que interesan sólo a los especialistas y rara vez se traducen en respuestas a las necesidades de la población.
Es común que los grandes emprendimientos hidroeléctricos obliguen a las empresas a relocalizar a los pobladores autóctonos, Yacíreta, Piedra del Águila son ejemplo de ello, y sin embargo los especialistas en controlar o menguar el impacto social y humano que ésta práctica ocasiona, son casi siempre ignorados y nos enteramos de estos sucesos por el reclamo de los damnificados. Creo que los antropólogos no deben perder el tren de la historia, o en el tema que me ocupa en particular, el vuelo camino a las estrellas.
Para ello basta con interesarse “seriamente” de la problemática espacial con “todos” sus contenidos que, puestos en el cedazo de la discusión y la controversia científica nos aportarán la luz para transitar esta nueva senda que se abre ante nuestros ojos.

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