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lunes, 12 de octubre de 2009

Leslie Orgel, Francis Crick, Lucy, Ardi e Ida

Sujetos de una ley común

Recientemente la cadena Discovery publicó “Ardi al Descubierto” un audiovisual sobre uno de los hallazgos más impactantes de la paleoantropología de los últimos tiempos, que junto con Lucy 1979, IDA, 1983 representan el camino inexorable hacia un pasado plagado de interrogantes, y por supuesto de “respuestas” que deberán digerirse sabiamente ya que nos obligan a replantear nuestras ideas más importantes sobre nuestro origen.

Siendo muy joven suscribí el lanzamiento, por parte de uno de los grandes de la biología molecular como fue Francis Crick, en un trabajo que realizó con Leslie Orgel, que llamaron “teoría de la Panspermia Dirigida” : “Puede parecer ahora improbable que organismos vivos extraterrestres puedan haber alcanzado la Tierra ya sea como esporas llevadas por la presión de radiación de otra estrella, o como organismos vivos incrustados en un meteorito. Como alternativa a este mecanismo del siglo 19, nosotros consideramos la Panspermia Dirigida, la teoría que dice que organismos fueron transmitidos deliberadamente a la Tierra por seres inteligentes de otro planeta. Concluimos que es posible que la vida haya alcanzado a la Tierra de este modo, pero que la evidencia científica es inadecuada en el presente para decir nada sobre su probabilidad”.
Claro está que a quienes estábamos enrolados en el pensamiento extraterrestre de los años 60/70 esta posibilidad nos venía como anillo al dedo y fue, quizás lo que más jugó en contra de una postura, para nada descabellada.
En el contexto de los ufólogos y platillistas, que buscaban mucho más allá del objeto en sí y nos debatiamos sobre aquellos aspectos de contenidos científicos y filosóficos para entender esas manifestaciones que no podíamos explicar, la Panspermia Dirigida fue un disparador genial, en particular por las figuras que se hallaban sustentándola.
Los que estábamos en ésta línea de trabajo no deteníamos nuestro accionar a los avistajes o a la fenomenología en sí, por el contrario intentábamos encontrar una explicación desde otras áreas del saber y para ello, desde su disciplina de interés la incorporó, con las debidas fundamentaciones y formuló una “hipótesis de trabajo”.
Ultima Hora, Lima, Perú, Pag 17,
miércoles 9 de marzo de 1977.

Ésto es lisa y llanamente una propuesta para encauzar una investigación, no pretendía ser una “Teoría” ya que carecía de bases y fundamentos para postularla y nosotros de los reconocimientos académicos o científicos para proponerla o sustentarla, solamente intentábamos desde el periodismo, expresar nuestras inquietudes y aquello que pensaba un sector de la sociedad.
Proponer una “Hipótesis de Trabajo” es un gran desafío ya que se puede caer en el ridículo o, en el mejor de los casos, hallar personas que se interesen por la propuesta y amplíen la investigación.
Claro está que si esta propuesta se realiza en los claustros adecuados en los cuales se centraliza la búsqueda de conocimiento, allí donde suelen funcionar equipos interdisciplinarios, este tipo de interrogantes pueden fructificar mejor.
Lanzado así desde el simple acto periodístico o desde las filas de la ovnilogía más parecía una postura alocada, descabellada y hasta delirante de los amantes del género.
Pero estaba claro que eso cabía nosotros pero no para Francis Crick y a Orgel, cuyos logros tenían reconocimiento mundial.
Esta “Hipótesis de trabajo” fue tomada por el periodismo como “Teoría del Paralelismo Genético” y así se conoció en la década de los setenta, aún a pesar de la infinidad de aclaraciones realizadas al respecto.
Asimismo la prensa, no siempre equilibrada, incorporó ciertas dosis sensacionalistas que, bien manejadas “vendían”, a quienes estaban ávidos de respuestas a ciertos interrogantes populares.
El hombre común busca respuestas concretas, próximas a él, que respondan en el hoy y ahora aquellas preguntas que le preocupan, pero por supuesto no le quitan el sueño, sus prioridades circulan por andariveles más concretos y cotidianos.
En este contexto la prensa tomó nuestra propuesta y la lanzó a la calle como caramelos en el patio de una escuela.
Titulares como “Los Monos: Hombres que degeneraron”, “Los Ovnis y el Pasado” o “Remotos abuelos del Hombre tripulan los platillos volantes” fueron algunos, que en su momento se utilizaron para “vender”.
Y entonces quienes estaban involucrados preferimos callar y dejar que el tiempo borrara las huellas de nuestra equivocación, la metodología incorrecta utilizada no sólo había tergiversado nuestra propuesta, también desacreditaba y ridiculizaba a quienes habían plasmado las bases de este pensamiento.
Las Ultimas Noticias, Chile,
Pag.7, martes 5 de junio de 1979.
Hoy creo que la opinión publica a cambiado un poco y un cierto grado de comprensión y tolerancia se cierne sobre quienes tienen experiencias o especulan sobre estos sucesos. Sin lugar a dudas que esto se debe a la enorme divulgación bastante seria y equilibrada que han realizado los grandes medios de comunicación televisivos como Discovery, The History Channel e Infinito entre otros, que han permitido al publico tener una visión más completa y comprensiva del suceso y de las circunstancias que lo rodean.
Esto la ha permitido discernir entre el investigador serio que, con verdaderos recursos científicos y tecnológicos a su alcance propone un abordaje integral desde diversas disciplinas, al simple sujeto interesado, con una libreta y un grabador, y verlo ya no como un delirante o un loco alucinado. Clarín, Bs.As.Argentina Pag.26, lunes 20 de agosto de 1979.
No obstante aquello quedó en el cuarto mental de las cosas viejas, archivadas pero nunca olvidadas, por quienes mantenemos viva la llama de nuestros intereses e inquietudes.
La ciencia se muestra lenta a los inquisidores ojos públicos, pero su lentitud se debe a la rigurosidad con la que debe modelar sus propuestas surgidas del trabajo meticuloso y profundo de los investigadores que deben buscar las respuestas en restos que han permanecido dormidos y enterrados por millones de años.
La gran conmoción y el escepticismo de 1977 fue mayúsculo cuando Mary Leakey dio a conocer las pisadas de Laetoli, África. Dos homínidos caminando erguidos y juntos sobre la ceniza volcánica de 3.590.000// 3.770.000 años, como se demostró mediante datación de potasio-argón.
Situaciones similares de escepticismo se vivieron con los 3.500.000// 3.770.000 años de “Lucy” que determinó el equipo de Donald Johanson en Olduvai, África en 1979.
En esos años hablar de 3 a 4 millones de años era impensado si tenemos en cuenta el hombre de Neanderthal se hallaba datado en 75.000 años.
Nadie aceptaba de buen grado que homínidos caminando erguidos pudieran haber existido hace tanto tiempo, las muecas de sorna y la duda constante sobre la veracidad y autenticidad de los trabajos, fueron el comentario permanente en los entre “profesionales” a quienes simplemente las comunicaciones en Natura o Sciencie les aportaban meridiana credibilidad.
Hoy los cambios que aporta al conocimiento científico sobre los seres humanos, el trabajo de más de diez años sobre el hallazgo del Ardipitecus Ramidus, Ardi, para los amigos, es tan impactante que habrá un antes y un después de ella, ya que sin lugar a dudas deberemos replantearnos nuestros orígenes.
Las palabras del Dr. Wite y Lovejoy hacia el final de la presentación en el ciclo de Discovery Chanel del domingo 11 de Octubre del Ardipitecus Ramidus, Ardi, hallado en la región de Afar en Etiopía, fueron tan significativas para mí que, repasé una a una las declaraciones del equipo y las características propias de este extraño homínido, para que los investigadores expresaran: “... Si bien todos pertenecemos a un árbol común Ardi nos demuestra que pertenecemos a ramas diferentes a la del chimpancé de los que hasta ahora suponíamos descender. Ahora sabemos que hemos evolucionado juntos en ramas diferentes, Ardi demuestra que en esa etapa evolutiva cierto homínido se ramificó y evolucionaron en forma paralela...”
Esto es ni más, ni menos, lo que proponíamos en 1976/79 de allí que la hipótesis comenzó a llamarse para la prensa y el público “teoría del paralelismo genético” ya que proponíamos que si bien, tal como lo planteaba la teoría de la evolución de las especies habíamos evolucionado de formas distintas y debía existir en un lejano pasado un tronco común, hasta ahora no encontrado, las especies conocidas de simios, primates u homínido habíamos evolucionado en forma independiente y paralela, de allí que todavía no se hubiera hallado punto de unión de las ramas evolutivas de primates y simios sino representantes antiguos de una y otras forma.
Con Lucy se avanzó, sustancialmente y, destacábamos entonces, 1979, que aún habiendo dado un salto cuantitativo hacia atrás en el tiempo, Lucy tenía más de homínido que de simio, de hecho caminaba erguida y el bipedismo marcaba la característica más destacable de su humanización.
IDA representa un salto enorme tanto en el tiempo como en la información de cierta rama de la evolución, si bien representa un pequeño primate, en tránsito hacia la humanización marcada por un incipiente bipedismo, aun no a dejado de ser un primate.
Sin embargo Ardi y su conformación extraña, sobre todo por lo prensil de sus pies, los científicos han demostrado que su locomoción no fue “Sobre los nudillos”, como lo hacen los simios más próximos a nosotros, los chimpancés, sino que se desplazaba sobre sus extremidades inferiores, caminando erguida.
Tanto Ardi, y los desafíos que representa, como IDA, no son un hallazgo más en la cadena evolutiva, no representan solamente la posibilidad de un nexo entre los primates, propiamente dichos, y los homínidos, como lo intuía Darwin, también son la llave para que, aquellos que ignoraron hasta hoy esos desafíos descabellados e incongruentes, abran esa caja de Pandora, vedada al lego, pero dispuesta a brindar información a quienes desprovistos de soberbia, rindan culto al saber científico.
Una nueva concepción de la evolución esta en marcha, el comienzo lo plantearon evolucionistas de la talla de Elliot J. Gould y Niles Eldredge y mucho queda por decir.
Observo maravillado el devenir de nuestra capacidad de comprender y entendernos como seres humanos, nuestros descubrimientos, el desarrollo de nuestra tecnología y debo decir que mantengo viva la llama del asombro en lo cotidiano.
Darme cuenta que, aún con las enormes reservas que instalaron en el ideario colectivo ciertas especulaciones sobre nuestro pasado, que contribuí a formular, hoy me encuentro ante la constatación de aquello que intuíamos hace 38 años.
Quizás el tiempo ponga sobre el tapete la verdad, siempre relativa, pero que ya existe como lo demostraron los estudios realizados por los geólogos y biólogos sobre los cráteres de impacto, así tanto Svante Arrhenius, Francis Crick y Leslie Orgel desde sus campos de competencia puedan ser valorados en el abordaje de este tema específico.
Rubén A. Spaggiari
Periodista

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