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miércoles, 8 de abril de 2015

Una expresión de deseo y reflexión personal

Utopía

Soy optimista por naturaleza, para mí el vaso está siempre lleno, y trato de tenerlo así.
Si es con amigos y un asadito de por medio … mucho mejor.
Fuera de broma, el mundo en que vivimos nos exige una cuota muy alta de optimismo si no queremos ser candidatos al Stress, los infartos masivos y la desesperanza.

Sobrevivir en el mundo moderno requiere gran fuerza de voluntad y optimismo para observar, analizar y pensar aquello que nos rodea y salir indemnes.
Justamente es esa experiencia que sólo otorgan los años … Sólo los años, me permiten entender algo de todo esto, y que su comprensión sólo me sirva a mí.
En mi juventud me preocupe y ocupe, quizás en demasía descuidando otra cuestiones de mi vida, de comprender nuestra relación con el mundo de los pueblos naturales de América y nuestra relación con ellos.
En el camino intente ser útil y contribuir a lo que entendía era una condición impuesta de despojo y usurpación que la historia comenzaba a facturarnos y los indígenas nos reclamaban.
Me sumé a sus luchas pacíficas, sus reclamos, militando activamente en la causa intentando comprender esa cuestión tan compleja hoy de los “Derechos Indígenas”.
Creo haberlo logrado, … A pesar de ello no me libre de los infartos, pero creo que logré comprender en plenitud esta pugna de relación, en lo que hoy, la sociedad moderna, ha convertido el justo y genuino reclamo Indígena sobre sus territorios.
Llegué a entender la difícil situación de la convivencia forzada impuesta con criterio No indígena, por una sociedad que desconoce, y los desconoce por un miedo ancestral a lo que representan; (Recién en la Reforma Constitucional de 1994 los propios indígenas con su participación en la asamblea legislativa hicieron presión para quitar el texto que desde la época de Urquiza nos instaba a “Mantener el trato pacífico con los indios …”.)
Ese miedo que no nos ha permitido vivir y crecer juntos como sociedad intentando que la convivencia fuera constructiva y reparadora, en cambio hoy seguimos, como país, teniendo una deuda que no  veo los países de Indoamérica estén dispuestos a reconocer.
Es duro, muy duro, darse cuenta lo frágil de las relaciones humanas y lo poco, o nada, que tu modesto esfuerzo personal aportó al objetivo impuesto, quizás por las metas demasiado pretenciosas.
Quizás lo tremendo del daño que sufrieron los pueblos indígenas, y la sociedad ha convalidado y proyectado hasta hoy, sea demasiado grande y los esfuerzos por paliar ese daño, muy pequeños y efímeros, para que influyan en ese devenir.
Podría ser, pero quizás las razones de mi desencanto, después de tantos años dedicados a la causa, es la débil respuesta de nuestra sociedad a los mismos problemas de hace 50 años, para los cuales se articulan las mismas y endebles respuestas, paternalistas o proteccionistas, que en su ignorancia manifiesta, Los estados Nación articulan, para con ellos.
En razón de la VII Cumbre de Las Américas que se realiza en Panamá reuniendo a los países de la región que surgió esta reflexión ante la intenpestiva exclusión de los Pueblos Indígenas.
Cumbre  que fuera convocada por un organismo, contratado a tal efecto por los países participantes, en cierta medida responsables, por haber excluidos de Participar a los pueblo Aborígenes.

Vemos así como repetimos la historia de exclusión, para la exposición y tratamiento de las problemáticas comunes, que nos interesan a todos los habitantes del territorio.
Nosotros, Uruguay y quizás Chile, podríamos ignorarlos, como siempre lo hemos hecho, y quizás nadie se diera cuenta, pero México, Colombia, Panamá, Bolivia, Paraguay, Brasil, son algunos de esos Estados que no pueden hacerse los distraídos.
Las “Minorías” étnicas, que en sus países son MAYORIA les reclaman su vos  en la Cumbre y en la construcción de la sociedad de cada país.

Sólo me queda el consuelo, en este efímero destello de vida, de haber hecho lo correcto y haber dejado lo mejor de mí, para contribuir a corregir viejos errores. 

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