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martes, 4 de octubre de 2016

Que sucede con la Paz en Colombia


Heridas muy recientes, difíciles de restañar, complican la gestión.

Desde la perspectiva externa, como vecinos e Indoamericanos, estábamos todos eufóricos y anhelantes por el acuerdo de paz logrado entre el gobierno Colombiano   y las fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. que por 52 años mantienen una beligerancia que se ha cobrado más de 200.000 víctimas.

Los estados más relacionados con la guerra, la mayoría estados fronterizos, han optado por el SÍ; esta lectura es contraria a la lógica y razón, emergente de un conflicto que ha sangrado al país por medio siglo.
Se observa una cierta animadversión o rechazo contenido, de la sociedad colombiana al acuerdo que el Presidente Santos ha firmado con líderes de las FARC; ahora frente a la consulta que surgió de este plebiscito, no vinculante, dado que el gobierno podía firmar el acuerdo sin la necedad de recurrir a este ejercicio democrático, la respuesta social deja entrever el conflicto.
¿Estas son las causas de la negativa del 63% o hay algo más?
En primer lugar la sociedad colombiana sabía que el estado les estaba consultando sin tener ninguna necesidad de hacerlo; este aspecto sugería hallarse ante un artilugio político para convalidar un acuerdo que muchos ciudadanos, víctimas de esa sucia guerra, no aprobaban.
La guerra, presente en las víctimas, los heridos, sus familiares, amigos, no pertenecía al pasado,  es el presente; el rencor y el odio latente se perciben a flor de piel.
Muchos colombianos no aceptarían el paso, de los integrantes de las FARC, a la condición de ciudadanos, integrantes de pleno derecho, de la sociedad que diezmaron por más de cincuenta años.
Puede ser una razón válida, de gran fuerza para algunos, pero una condición negativa para el logro de una Paz genuina.
Este no es un armisticio entre dos fuerzas beligerantes enfrentadas en un hipotético frente de batalla; esta es una situación e4xtremadamente compleja de la sociedad colombiana, en su conjunto quien deberá reconocer que tanto ambos contendientes en este enfrentamiento son integrantes de su entramado social.
Les guste o no, víctimas y victimarios, son o fueron, integrantes de esa sociedad que se vio fragmentada, dividida, dolorida y asustada por más de medio siglo.
Ahora es necesario que esa sociedad, no sus partes resentidas, la sociedad en su conjunto, desprovista de dolorosas experiencias personales o familiares, especulaciones seudo-políticas, o venganzas personalistas; ese ejercicio de cordura, sensates y humanidad es lo que el mundo está esperando.
Que la sociedad colombiana realice un profundo acto de constricción y permita que se restañen las heridas en un nuevo entramado social del que surja el tejido de la nueva sociedad colombiana.
En un mundo donde jaqueado por la beligerancia y la estupidez humana, en la búsqueda del interés monetario y el consumismo generalizado Colombia un país Indoamericano puede demostrar que miramos hacia el futuro, con una perspectiva diferente.
Vamos hermanos Colombianos, de ustedes depende.

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