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jueves, 5 de mayo de 2011

Gaia se revela

 

Solo un aviso


Los trágicos y lamentables sucesos en Japón me impulsaron a escribir, no porque lo que tenga que decir sirva para algo, en este desastre global que nos toca vivir, creo simplemente que lo que sigue es una intima reflexión sobre nuestro comportamiento y las respuestas que nuestro planeta nos está dando.


Sí, creo que el terremoto que, desde hacía 140 años no se producía, y el posterior Tsunami que arrasó con el sufrido territorio de la Isla de Japón, es un trágico aviso del planeta para advertirnos de todo aquello que hemos hecho mal.
No es contra el pueblo del imperio del sol naciente en particular, por el contrario se dio en ese lugar por ser una zona de permanentes cambios geológicos, como ya los expertos saben.
Podría haber ocurrido en el Pacífico en la falla de San Andrés, en las costas Norteamericanas, o en la gran fosa abismal del Océano Atlántico donde la inexperiencia de los pobladores continentales hubiera convertido este fenómeno en un verdadero Apocalipsis, como titularon algunos lo sucedido en Japón.
La educación, cultura y experiencia ante estos fenómenos fue aquello que atenuó la tragedia y le permitió al Japón sobrevivir, aún con la enorme perdida en vidas humanas y en su economía, que aún no ha sido debidamente justipreciada.
Si Gaia determinaba que el sitio fuera cualquiera de los expuesto, en lugar de Japón, la tragedia se hubiera cuantificado exponencialmente.
El hecho de que dos sucesos, terremoto escala 8,9 y posterior Tsunami, dieran una cruel demostración de lo terrible que la naturaleza puede mostrarse, dejó a los expertos en centrales nucleares y en particular a quienes tienen la particular tarea de enfriar la permanente reacción nuclear que se produce en el reactor, asombrados, desprotegidos y expuestos al desastre.
El enfriamiento forzado, por inyección de agua libre de impurezas, fue ineficiente debido al corte de energía, inmediatamente posterior al terremoto, que plantó las bombas, dejando sin agua el sistema.
El posterior ingreso de agua de mar, producto del Tsunami, proveyó de una refrigeración totalmente inadecuada, agua totalmente contaminada, sucia que no solamente crea una reacción adversa en el reactor, de nefastas consecuencias inmediatas para los seres humanos y el medio ambiente, sino que lo dejara inservible para siempre.
Aún están flotando los fantasmas del pasado ante nuestras retinas y en nuestros corazones, Chernovyl es aún, un cementerio que nos recordaba la estupidez humana pero no fue suficiente, corregimos errores pero cometimos otros, y seguimos adelante sin darnos cuenta de nuestra equivocación.
Lo ocurrido es asumido como una tragedia que sufrió el pueblo japonés pero que nos afecta  a todos y por supuesto, somos todos culpables.
No es tomado como una advertencia trágica de lo que podría suceder y esto es lo que me preocupa.
Los hombres en nuestra soberbia creemos que somos capaces de todo, pero el precio que pagamos por este error es muy alto, aún cuando creo no haberlo visto todo.
Es posible que en esta trágica experiencia se encuentren las respuestas para varios de los errores cometidos en la isla por parte de los responsables de las centrales nucleares.
¿Capitalizarán estas respuestas para actuar en consecuencia en forma inmediata o seguirán actuando desaprensivamente, como hasta ahora?
Es el repetitivo uso de la energía nuclear un mal menor, como dicen sus defensores, aún cuando acabamos de sufrir la trágica advertencia de Japón, frente a otros sistemas más contaminantes o peligrosos.
Contrariamente a lo que expresan los impulsores de su uso ningún sistema, aún el más contaminante o peligroso, en el momento de su instalación o explotación, deja residuos o desechos que perduran durante miles de años con la misma peligrosidad que aquella que tenía en su manifestación más pura.
Esta peligrosidad manifiesta deja, (la del uso de la energía atómica), el problema grave de la reposición de los desechos tóxicos que comprometerá el territorio que lo contenga, aún cuando se hayan utilizado las máximas precauciones en los contenedores de los desechos o estos se encuentren depositados en terrenos graníticos supuestamente seguros.
Lo ocurrido en Japón me otorga la razón y pretendo responder con esto a quienes refutan las advertencias planteadas por los ecologistas, yo no lo soy, simplemente me considero un ciudadano preocupado por el devenir del mundo.

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