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jueves, 5 de mayo de 2011

24 de marzo 1976

                                                                El día “D”
de un proyecto latinoamericano


Cuando el 24 de Marzo de 1976 se desata en mi país el golpe cívico-militar más horrendo que viviría la sociedad argentina, para muchos, convenientemente desinformados, allí dio comienzo un orquestado plan de exterminio que, por varios años, pondría en práctica el “Proyecto de reorganización Nacional”.
Sin embargo ese día no fue más que un mecanismo para  blanquear una acción y situación política que se estaba gestando desde muchos años antes en toda América Latina y en el país.


Subvertir significa actuar en contra de las leyes instituidas y del orden público, sus agentes, para quienes deben velar por la buena marcha de la sociedad, son los subversivos.
Esta palabrita nefasta ya se había instalado en el vocabulario e ideario colectivo argentino varios años antes del 76.
Jesús fue un subversivo, un criminal, que trasgredió y se opuso con fuerza a las leyes instituidas por el poder de Roma en la Palestina del año 30 de nuestra era. (ver “Jesús en mala compañía” de Adolf Holl, Edit. Grijalbo, 1974)
Ser un criminal, un subversivo significa nada más que eso: Hallarse en contra de las leyes establecidas.
¿Quién las  imponía entonces?
Los romanos, ellos catalogaron a Jesús como trasgresor de sus leyes para la región de la Judea ocupada.
¿Quién las imponía en la Argentina de los años sesenta y setenta? 
¿Quiénes se beneficiaban con ellas en desmedro de la sociedad global y en particular de los desposeídos de siempre?
En 1966 un golpe militar encabezado por el general Juan Carlos Onganía derrocaba el gobierno constitucional del Dr. Arturo Illia.
Hoy todos sabemos que representó para el país la gestión de  este médico cordobés que con su tranquilidad provinciana, gestionaba pensando en el país y su gente.
Fue en esa etapa trágica de la historia reciente de los argentinos que se instaló un proyecto nacional cívico-militar que conduciría los destinos de los argentinos de allí en más.
Los artífices de esta conducción serían los militares en contubernio con gran parte de la sociedad civil y en particular con la aprobación del gobierno de Estados Unidos.
La derecha elitista más reaccionaria se sumó inmediatamente al proyecto respaldando cada uno de los actos y propuestas de los “salvadores de la Patria”.
Fue a partir de allí que las políticas implantadas, en concordancia con la política exterior para el hemisferio, que marcaba el país del norte, que ya se estaban aplicando en otros países de Sudamérica, generaron la reacción de los sectores populares.
La irrupción violenta en las universidades en la llamada “Noche de los bastones largos” el 29 de julio de 1966 no fue otra cosa que el comienzo de una escalada para destruir el libre pensamiento de la juventud, cercenando la posibilidad de acción de las generaciones futuras a tener ideas propias y poder ejecutarlas.
La toma de las Universidades por alumnos y profesores había respondido a la intención manifiesta del gobierno “de Facto” de intervenir las casas de altos estudios y anular el sistema de cogobierno vigente.
Siempre la derecha se opuso a la libre enseñanza y el acceso irrestricto a la universidad, esto generaba focos de sedición por el “uso inadecuado del pensamiento” “... Mucho pensamiento puede llevar al uso de conductas equivocadas...” fueron las palabras del ministro del interior de entonces.
Estados Unidos se hallaba enfrascada en la “Guerra Fría” temía al fantasma del comunismo en la región, y manejaba desde la “Escuela de las Américas” en Panamá el adoctrinamiento de los militares latinoamericanos para que en sus respectivos países actuaran en concordancia con las ideas de la Casa Blanca.
Así nació la idea de una región militarizada que respondiera a las directivas de Washington que premiaba esta alineación con el reconocimiento, apoyo logístico y económico para los militares en el poder.
El 30 de septiembre de 1974, se promulga la ley 20.840 de Seguridad Nacional, que en su artículo 1º reprime las actividades políticas que alteren o supriman el orden institucional y la paz social de la nación, por vías no establecidas por la Constitución Nacional y las disposiciones legales que organizan la vida política, económica y social de  la Nación.
Así nació el monstruo pinochetista en Chile del 73, el respaldo irrestricto a Stroesner en Paraguay y a “Tacho” Somoza Debayle en Nicaragua, quienes venían controlando sus respectivos países desde hacia varias décadas.
Esta situación en Nicaragüa llevó al asesinato de Somoza y a la revolución Sandinista de 1978.
Con el advenimiento de un Demócrata como Jimmy Carter a la Casa Blanca en 1977, comprometido con los derechos humanos, se rompe la totalidad del respaldo militarista en América Latina y comienza una etapa de restricciones que a los militares les costaba digerir.
Son constantes en esos años la tirantés existente entre nuestros militares y el gobierno de los Estados Unidos que por un lado les daba su respaldo a la supuesta lucha anticomunista pero les cuestionaba sus métodos, exigía respetar los derechos humanos, cosa que los militares no aceptaban.
Por entonces varias inspecciones de la administración Carter se realizaron en nuestro país, incluyendo viajes de Jorge Rafael Videla a Washington para explicar el accionar militar en Argentina.
Después del 66 la juventud vio que el objetivo de los militares no sólo era apoderarse del control del país sino exterminar todo foco de oposición, ellos y todo lo que representaban estaban en la mira.
Así nació la reacción a una acción.
Como ocurre en todo movimiento social, los sectores populares y pensantes de la sociedad  reaccionaron en contra de la imposición forzada de un sistema que los excluía, y destruía todos los logros democráticos, y la plena participación en la vida social y política de la Nación.
Los mayores tardaron en reaccionar, en darse cuenta de lo que estaba sucediendo, fueron los jóvenes quienes vislumbraron el devenir de la historia y se lanzaron a la lucha, una lucha desigual y desorganizada que costó miles de muertos, en contra de un aparato instalado en el poder del Estado.
Pero a partir de 1966 el desorden institucional fue evidente y en particular en las universidades que fueron verdaderos focos de resistencia.
Muchas fueron intervenidas, las más importantes y conflictivas, donde se convertían en una “isla de sedición” como ocurrió en Bahía Blanca con la UNS.
Bahía Blanca es una sociedad signada por la fuerte presencia de La Base Naval Puerto Belgrano a 26 kilómetros y en su propio ejido el 5° Cuerpo de ejército en Parque de Mayo, además es el lugar de residencia de la familia Massot dueños de medios de comunicación bien conocidos como el diario “La Nueva Provincia”.
Se entiende porque la universidad del sur se convertía en un punto neurálgico a ser controlado.
Para hacerlo fue nombrado el 3 de febrero de 1975 el rumano Remus Tetu Interventor de la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca) y, por depender de ésta la Universidad nacional del Comahúe, (Provincia de Neuquen) que aún se hallaba en formación buscando su autonomía, cuestión a la que Remus Tetu se negaba rotundamente.
En ambos casos la colaboración de Remus Tetu con la triple “A” (AAA) creada y dirigida por el nefasto López Rega, era total y sus resoluciones eran, en la práctica, sentencias de muerte.
Fue nombrado como rector a propuesta de la Marina de Guerra que tenía un control político total del Ministerio de Educación a través del Subsecretario de Universidades designado por esta arma.
Toda esta etapa la viví porque trabajaba y estudiaba en la naciente Universidad del Comahue, me hallaba comprometido en la construcción del sindicato del personal no docente de la Universidad y para lograr su autonomía.
Vivencié en carne propia como operaban estos grupos y de que manera obligaban a los jóvenes, que no comulgaban con sus imposiciones, a rebelarse en su contra.
Existen referencias más que conocidas sobre esta etapa del militarismo que no sólo nombraba interventores universitarios sino que disponía de las provincias a su antojo nombrando interventores militares como ocurrió en Río Negro con el General Vicente Requijo.
Dicho militar, ya fallecido, fue gestor e instigador de una reacción popular en el Alto valle de Río Negro que se conoció como “Rocazo” por tener epicentro político en la Ciudad de Gral. Roca de dicha región.
De lo antedicho se desprende que el “Proceso de Reorganización Nacional” no fue más que un eufemismo para lograr la continuidad de un proceso de apoderamiento institucional del país haciendo que sus acciones pasaran a formar parte de un proyecto institucional, no clandestino, que permitiera, en el marco institucional de Estado, ser reconocido por otros países.

Esto no significaba dejar de lado la forma de hacer las cosas que había caracterizado a los militares hasta ese momento, pero sí una sistemática forma de repartirse la torta de los beneficios que instituyeron para cada arma: Ejército, Marina y Aeronáutica, el 33,33% de los cargos y puestos de relevancia en la administración Nacional.
A partir de ese momento se dejaron de lado antecedentes, concurso y todo tipo de selección especializada, pasando cada cargo o puesto a ser la prestación un servicio en el arma correspondiente, eso sí,  “sin goce de haberes” ...  sólo con goces de “Beneficios”. 
Los argentinos generalmente somos frágiles en materia de memoria, quizás porque preferimos ocultar nuestros propios errores esgrimiendo ésta falencia.
Con los antecedentes de nuestra historia reciente, luego del “Nunca Más” o del cúmulo de información que se ha dado a conocer, de primera mano, de lo sucedido en aquellos años, no puedo creer que aún subsista la idea de que todo empezó el 24 de marzo de 1976.
Ya en los años anteriores muchos militantes o simplemente quienes se encontraron de pronto involucrados en un accionar conflictivo en contra de esos poderes espurios o “de facto” que se imponían a la sociedad, fueron detenidos y puestos a “Disposición del Fuero Federal Antisubversivo”  que significaba ser juzgado por reglas militares y no civiles.
Nuestras fuerzas armadas fueron utilizadas para servir a fines personalistas y sectoriales, de ninguna manera se defendieron aquellos principios para los cuales fueron creadas, sirvieron a las ambiciones y alocados planes de unos pocos en desmedro de toda la ciudadanía.
En ese alocado plan se involucra a las fuerzas de seguridad y a todos aquellos que consustanciados con esta Argentina elitista se identificaron con ese sector militar que había accedido a lo más alto en la cadena de mandos, no sin antes haber gestado varios enfrentamiento entre grupos de poder, recordemos el enfrentamiento entre “Azules y Colorados”.
Debemos recordar el 24 de Marzo para que una instancia como ésta no vuelva a suceder en el país, pero también recordar con mayor persistencia que a esta instancia se llega permitiendo que destruyan o avasallen los derechos constitucionales, democráticos y humanos desde aquellas pequeñas situaciones que nos parecen insignificantes.
Recordemos que las cosas grandes se construyen con la sumatoria de actos pequeños. 

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