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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Hipocritas del mundo … Uníos. (II)

La caída del Imperio Romano de Occidente, dueño del mundo conocido, en el siglo VI,  marca el comienzo de un extraordinario reacomodamiento de fuerzas en las tierras de ese mundo.

El imperio Romano de Oriente, conocido como “Bizantino”, sobrevivió por bastante tiempo pero luego cayó en mano de los Otomanos que se apoderaron de la famosa capital, Constantinopla, nacería lo que sería el último Gran Imperio del mundo “El Imperio Otomano” que se consolida e ingresa en la modernidad conformando las bases geográficas y políticas de la  actual y gran Turquía.

Cuando el Imperio Otomano estaba agonizando, debido a estrictas razones políticas; los pueblos Árabes que lo componían, mayormente dispersos, comenzaron un proceso de unificación en Estados Nacionales.

Simultáneamente surgidas, de la Edad Media y el Renacimiento, las nuevas Naciones imperiales y colonialistas, nacidas y educadas en las guerras, invasiones y rapiña emergentes de estas acciones miraban con creciente interés las apetencias de los pueblos emergentes de ese Imperio, ese nuevo panorama geopolítico de los siglos XVII al XIX

 

¿Por qué pasa, lo que pasa?

 

Ya expliqué que todo esto principió a pasar después de la caída del Imperio Otomano comenzando la rapiña comercial, financiera y humana y la puja de intereses por ver quien se quedaba con la mejor parte.
Como expresa el refrán: “… A río revuelto ganancia de pescadores.” Y para nuestro caso los pescadores eran los judíos de Europa que vieron en ese desorden la posibilidad de  “ … Llevar agua para su molino.”
En Agosto de 1897, un judío, vienés, periodista, se había convertido en portavoz de un movimiento que se convertiría en un Movimiento que bregaría por la creación del Estado de Israel en Palestina.
Después de su libro “El Estado Judío” publicado en 1896, Teodoro Herzl, su autor,  había sido catapultado al liderazgo indiscutido de una corriente de pensamiento que pregonaba con fuerza y convicción un Estado propio, en una tierra propia, utilizando el respaldo de los países poderosos.
Como dije, en agosto de 1897 convoca en Basilea, Suiza, el primer Congreso  Sionista Occidental en el cual se forma la Organización Sionista Internacional de la cual Teodoro Herzl es nombrado Presidente.
El programa que se redactó en dicho congreso, precisó las bases del Sionismo Occidental, tal como lo conocemos,  declaraba que los objetivos del Sionismo eran:
… Una “Patria públicamente reconocida, legalmente asegurada, en Palestina” que debía lograrse mediante la organización, la colonización y la negociación bajo la égida de las potencias imperialistas.
            Esta posición impuso una impronta al movimiento judío surgida del mandato sionista que determinó que el objetivo del Sionismo, y por lógica, de todo judío:
“ Crear para el pueblo judío  una patria en Palestina, asegurada por la ley pública.”
Ya en su libro de 1896 Herzl enunciaba la posibilidad:
“… Si su Majestad, El Sultán, (del moribundo Imperio Otomano) nos diera Palestina, nos comprometeríamos a sanar las finanzas de Turquía. Para Europa formaríamos allí parte integrante del baluarte contra el Asia: Constituiríamos la vanguardia de la cultura en su lucha contra la barbarie. Como Estado neutral mantendríamos relaciones con toda Europa que, a su vez, tendría que garantizar nuestra existencia.”
En el Congreso de Basilea amplió estos conceptos, expresados en su libro:
“… Es más y más en interés las Naciones civilizadas y de la civilización en general que un enclave cultural se establezca en el camino más corto a Asia. Palestina es ese enclave y nosotros los judíos somos los portadores de cultura que estamos dispuestos a dar nuestras propiedades y nuestra vida para lograr su creación.” 

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Esta no es nada más que el comienzo, las gestiones de T. Herzl recién comenzaban y para concretar su plan se encargó de captar a los Ingleses a través Secretario  J. Chamberlain y los buenos oficios de la oficiosa y muy encumbrada familia Rothschild, contando para esto con el respaldo de Lord Rothschild, que a decir de Herzl: “… Fue la fuerza más grade y efectiva que ha tenido nuestro pueblo desde su dispersión.”
Está demás decir que las propuestas y negociaciones de T. Herzl encontraron en los imperialistas y colonialistas ingleses una predisposición a respaldar el Estado de Israel en Palestina.
En Octubre de 1902 Lord Rothschild y T.Herzl se reúnen con Chamberlain logrando que el Secretario Colonial Inglés aprobara y apoyara la idea y sus propuestas, como le explicara Herzl, sería con el auspicio del esfuerzo Sionista el imperio británico no sólo sería más grande con una colonia rica, sino que diez millones de judíos:
“… tendrán todos a Inglaterra en el corazón, si mediante una acción se convierte en la potencia protectora del pueblo judío. De un golpe, Inglaterra tendrá diez millones de súbditos secretos pero leales, activos en todas las clases sociales de todo el mundo.

Ante una señal, todos ellos se pondrán al servicio de la nación magnánime que da una ayuda largamente deseada … Inglaterra tendrá diez millones de agentes para su grandeza y su influencia. Y todo el efecto de esta clase de cosas generalmente se difunde de lo político a lo económico.”
Después de las guerras mundiales, la toma de Egipto por parte Inglaterra, la construcción del canal de Suez, que se construyó con dinero que el primer Ministro inglés Disraeli, recibió de la acaudalada familia Rothschild. Con ese dinero Inglaterra pagó su canon de ingreso a participar del proyecto.
Esta propuesta de Herzl es tomada por una parte de la comunidad judía en la diáspora y los sectores sectarios y chauvinistas del imperialismo occidental, captados por estas ideas y propuestas.
Estas propuestas además de apuntar a lo más sensible de los intereses judíos tocaban el punto más álgido de los intereses del imperialismo Occidental ya que ofrecía como contra prestación de servicios convertirse en una cuña Occidental en el Mundo Árabe y esto para promover la imposibilidad de unificación y la creación de Estados Nacionales Árabes, era un atrayente plan.
Plan que Inglaterra comienza a concretar al otorgar la Península del Sinaí al pueblo de Israel y expulsar a los Palestinos iniciando con ellos los planes de desunión de los pueblos Árabes de la región.
Cabe señalar aquí la grandeza de espíritu de un pueblo que, equivocado o no, buscó  su identidad y unidad siempre se mantuvo coheccionado, aún en la diáspora; lo expuesto desnuda las viles artimañas y mecanismos de la diplomacia, las “Alianzas” políticas que intentan ocultarle al mundo como forma de eludir responsabilidades.
Eludir la responsabilidad e inventar un “terrorismo” allí donde hay luchadores que responden a sus agresiones, muchas veces programadas.

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