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sábado, 7 de diciembre de 2013

La Semántica

                                                    El habla cotidiana



Esta nota está dirigida a todos aquellos que prefieren no aplicar las reglas dictadas por la semántica, a riesgo de parecer unos perfeccionistas utópicos. A los que usan términos genéricos, porque así lo dicta el habla popular, sin plantearse su aplicación y en qué contexto y tiempo utilizarlos.

Quizás aquello que motorice esa costumbre, que deploro abiertamente, es la resultante del lenguaje informático, y de la vida social de este siglo XXI.
El término Originario comenzó a utilizarse hacia los años noventa en los medios de comunicación y en la actividad de difusión cultural, siendo rechazado por los propios indígenas que solicitaban ser denominados con los vocablos utilizados en el texto constitucional argentino.
Pero como contracara debemos vivir y construir el presente ejerciendo nuestra memoria para saber de dónde venimos y a que o quienes debemos nuestro presente, que fue su futuro, el futuro porque lucharon.
De esta sencilla manera honraremos su memoria y respetaremos su legado, contribuyendo a construir nuestro propio futuro.
Como pretendo ser lo suficientemente directo para no confundirme y confundirlo a usted comenzaré hablando del término que se ha puesto en boga (de moda) por su constante uso, haciendo su aplicación un círculo vicioso.
Me refiero al término: “Originario”, mal utilizado para designar genéricamente a los pueblos indígenas o aborígenes, de aquí, de allá y de más allá, de ahora, antes y por venir.
Primeramente, sin entrar en Semántica, que a los indígenas no les interesa que los llamen “Originarios” sino Indígenas u aborígenes, ya que así aceptaron ser designados en la constitución Nacional, (Asamblea Constituyente de Reforma de 1994)
Los aborígenes, en un contexto temporal cierto, definido, son originarios de un lugar o paraje; Por ello son aborígenes u indígenas ya que el significado de la palabra indígena o su sinónimo: aborigen es: “Originarios de un lugar o paraje”.
Pero si generalizamos en el uso del término, cometemos un grave error.
Error que es utilizado políticamente para desvirtuar sus derechos ancestrales.
Error, utilizado en México, en la segunda mitad del siglo XX, para desvirtuar la fuerza de los indígenas que la sociedad global mexicana generalizó llamándolos “Campesinos”. ´
Es común restarle importancia a estos “Detalles” gramaticales y lingüísticos preocupado por causas acuciantes o perentorias, sin darnos cuenta que parte del esfuerzo que ponemos en ganar esa guerra contra nuestro objetivo nos hace perder batallas cotidianas que, en definitiva, diluyen nuestro esfuerzo y confunde a los demás.
Esto me pasó, en una comunicación personal con un amigo, ensayista, historiador de la causa indígena quien preocupado, seriamente, por los seres invisibles de Argentina, me contestó cuando le manifesté mi preocupación por el uso correcto del lenguaje en discurso militante, que no tenía tiempo de ocuparse de esas nimiedades.
La verdad, esperaba otra cosa de él, pero ese es un problema mío.
Viví, en los años setenta esta situación en México, luego en Perú, países donde los indígenas tenían, por su presencia mayoritaria, en las sociedades nacionales un peso social mayor, el “Indigenismo” de esos años mantenía una brecha social y conceptual que sólo comenzó a cerrarse hacia los años posteriores al llamamiento de “Ollantaytambo” donde nació el “Indianismo” que se impondría en las luchas militantes indígenas de los años ochenta del siglo pasado.
(INDIGENISMO: Políticas ejecutadas desde los Estados para ser aplicadas a los pueblos Indígenas.
INDIANISMO: Políticas elaboradas por los propios indígenas y sus organizaciones con sus propios objetivos y pautas culturales para ser elevadas al Congreso nacional o poderes públicos, ser implementadas y ejecutadas por el Estado Nacional, para los pueblos indígenas.)
Pero el problema del uso de “eufemismos” para aplicar en nuestro discurso cotidiano, generalmente utilizando sinónimos, se ha desvirtuado, toda vez que esa “palabra favorable que usamos” para reemplazar aquella, que no queremos usar, tiene en sí misma connotaciones adversas o discordantes con el verdadero significado o significante de la palabra titular u original.
El texto, entre comillas, a continuación es una aclaración que hace el diccionario electrónico enciclopédico Wikipedia sobre el término originario: “El uso del término se ha difundido por su empleo en los estudios culturales, las cátedras universitarias y la prensa; en los cuales se lo considera una manera políticamente correcta de referirse a las comunidades indígenas”.
Que, es precisamente a lo que me refiero al uso del sinónimo de Indígena u Aborigen, reafirma la motivación por el cual se utiliza mayoritariamente: “… se lo considera una manera políticamente correcta de referirse a las comunidades indígenas.”
¿Quiénes lo “ Consideran políticamente correcta” no los aborígenes, por cierto?
Si yo digo ser Originario de este suelo a pesar de mis antecesores itálicos, muchos podrían, con razón, sonreír; Los etruscos pueden haber aportado a las migraciones transcontinentales, en un pasado remoto, en el poblamiento de América, no lo sé, pero eso no me hace originario americano.
Existen una serie de figuras legales e institucionales y denominaciones que enmarcan a personas que habiendo nacido en un territorio no es originario de él.
El querido e inolvidable “Negro” Fontanarrosa tenía muy claro que el uso de las palabras es un rasgo interactivo entre los integrantes de una sociedad y el lenguaje fue un expositor genial en el “Congreso de la Lengua española” de Rosario Argentina al refererirse al uso de las “Malas palabras”.

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