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viernes, 6 de mayo de 2011

Leyes endebles

La Ley hace la trampa



El poder legislativo es, para el pueblo, el simple ciudadano, el ámbito en el que se reúnen sus representantes para elaborar, tratar y aprobar leyes que les traerán mayor bienestar en el territorio nacional.
Se supone que las leyes tratadas en la Cámara Baja, Diputados, o Alta, Senadores, responderían a las necesidades de la población.
La búsqueda de consenso responde a diversos intereses sectoriales o políticos, a los cuales no son ajenos los representantes políticos de la sociedad global.

Ruben A. Spaggiari para fps/D21 y la Web.


Las respectivas leyes, aprobadas en ambas Cámaras, deberán luego ser reglamentadas para su genuina implementación para que, los deberes o derechos de ellas surgidas, puedan ser puestos en marcha por los respectivos estamentos gubernamentales o judiciales de la Nación.
Las leyes así surgidas han sido, se supone,  debidamente tratadas en las respectivas Cámaras, tanto por los bloques oficialistas, aquellos que responden al poder ejecutivo, gobierno o administración de turno, o la oposición, aquellos que se oponen a él.
La norma surgida a estas instancias debería tener la aprobación de todos los estamentos del poder político y no demorarse más en su pronta reglamentación para su puesta en marcha, tampoco debería esperarse su reglamentación para proceder a modificar, mediante artilugios políticos, el espíritu de la norma que surgiera con el consenso de los representantes del pueblo.
Sin embargo las administraciones políticas siempre han incurrido en esta falta grave, pero subjetivamente legal, que autoriza al Presidente de la Nación a introducir variantes en una norma Cap. III Art.99 Inc. 1,2 y 3, siempre y cuando éstas, las modificaciones, no incurran en la alteración del espíritu de la Ley.
¿Por qué digo subjetivamente legal ? Simplemente porque cada administración aduciendo razones de “... circunstancias excepcionales ...” y por “.. Razones de necesidad y urgencia...” factores previstos en el Cap.III, Inc. 3 párrafo tercero de nuestra Constitución Nacional, de un tiempo a esta parte ha venido modificando leyes que no han sabido defender debidamente en las deliberaciones de las respectivas Cámaras.
Ya sea por carencia de argumentaciones válidas o falta del poder político necesario para imponer su criterio propio han debido recurrir en los instantes de la reglamentación a las “Excepciones Reglamentarias” adoptando una subjetividad manifiesta al momento de interpretar y aplicar las prerrogativas que nuestra Constitución Nacional otorga a la figura del Presidente de la Nación.
Asimismo y con supina mala intención se ignora lo expresamente impreso en nuestra Carta Magna cuando no aclara en el Cap.III, Art. 99, Ic. 2 y 3 Cuando dice: (Inc.2) “ Expide las instrucciones y reglamentos que sean necesarios para la ejecución de las leyes de la acción, cuidando de no alterar su espíritu con excepciones reglamentarias.”
(Inc.3) El Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo.
Sin embargo contraviniendo lo expresado en el Inc.3 el ejecutivo a reglamentado y modificado la Ley 23.302 mediante el Decreto Reglamentario de la Ley 23.302 N° 155/89 publicado en el Boletín Oficial el 17 de febrero de 1989.
Con ese decreto no sólo se tergiversó el espíritu de la Ley que en su Art. 5° establecía para el INAI una genuina conducción indígena y un asesoramiento por parte de los representantes de los organismos oficiales de competencia sino que se creó una estructura burocrática en la que los indígenas quedan como meros espectadores.
En razón de esta actitud inconsulta, antojadiza y extemporánea emanada del Ejecutivo Nacional la Asociación Indígena de la República Argentina, AIRA entabla un juicio contra el Estado Nacional que tiene resolución favorable en 1°, 2° y 3° instancia fallos que intimaron al Estado a regresar a foja cero todo lo actuado, incluyendo la puesta en marcha del INAI en esas condiciones, imponiéndole una multa diaria por el tiempo en que el Estado incurriera en incumplimiento de dicho fallo.
Al día de la fecha el Estado nacional ha hecho oídos sordos al fallo judicial mientras los atropellos contra los pueblos indígenas siguen estando a la orden del día.
Esta burla política se intenta repetir ahora con la Ley que regula la actividad de la medicina pre-paga y por lo que vemos seguirá siendo una herramienta de poder en manos de quienes no tienen escrúpulos en interpretar las leyes a su antojo y torcer así la voluntad popular.
Si existe una ley que fuera genuinamente gestada por quienes serían sus beneficiarios, esa es la ley 23.302 que se aprobó en el Congreso Nacional y no la que surgió del decreto reglamentario 155/89.


jueves, 5 de mayo de 2011

24 de marzo 1976

                                                                El día “D”
de un proyecto latinoamericano


Cuando el 24 de Marzo de 1976 se desata en mi país el golpe cívico-militar más horrendo que viviría la sociedad argentina, para muchos, convenientemente desinformados, allí dio comienzo un orquestado plan de exterminio que, por varios años, pondría en práctica el “Proyecto de reorganización Nacional”.
Sin embargo ese día no fue más que un mecanismo para  blanquear una acción y situación política que se estaba gestando desde muchos años antes en toda América Latina y en el país.


Subvertir significa actuar en contra de las leyes instituidas y del orden público, sus agentes, para quienes deben velar por la buena marcha de la sociedad, son los subversivos.
Esta palabrita nefasta ya se había instalado en el vocabulario e ideario colectivo argentino varios años antes del 76.
Jesús fue un subversivo, un criminal, que trasgredió y se opuso con fuerza a las leyes instituidas por el poder de Roma en la Palestina del año 30 de nuestra era. (ver “Jesús en mala compañía” de Adolf Holl, Edit. Grijalbo, 1974)
Ser un criminal, un subversivo significa nada más que eso: Hallarse en contra de las leyes establecidas.
¿Quién las  imponía entonces?
Los romanos, ellos catalogaron a Jesús como trasgresor de sus leyes para la región de la Judea ocupada.
¿Quién las imponía en la Argentina de los años sesenta y setenta? 
¿Quiénes se beneficiaban con ellas en desmedro de la sociedad global y en particular de los desposeídos de siempre?
En 1966 un golpe militar encabezado por el general Juan Carlos Onganía derrocaba el gobierno constitucional del Dr. Arturo Illia.
Hoy todos sabemos que representó para el país la gestión de  este médico cordobés que con su tranquilidad provinciana, gestionaba pensando en el país y su gente.
Fue en esa etapa trágica de la historia reciente de los argentinos que se instaló un proyecto nacional cívico-militar que conduciría los destinos de los argentinos de allí en más.
Los artífices de esta conducción serían los militares en contubernio con gran parte de la sociedad civil y en particular con la aprobación del gobierno de Estados Unidos.
La derecha elitista más reaccionaria se sumó inmediatamente al proyecto respaldando cada uno de los actos y propuestas de los “salvadores de la Patria”.
Fue a partir de allí que las políticas implantadas, en concordancia con la política exterior para el hemisferio, que marcaba el país del norte, que ya se estaban aplicando en otros países de Sudamérica, generaron la reacción de los sectores populares.
La irrupción violenta en las universidades en la llamada “Noche de los bastones largos” el 29 de julio de 1966 no fue otra cosa que el comienzo de una escalada para destruir el libre pensamiento de la juventud, cercenando la posibilidad de acción de las generaciones futuras a tener ideas propias y poder ejecutarlas.
La toma de las Universidades por alumnos y profesores había respondido a la intención manifiesta del gobierno “de Facto” de intervenir las casas de altos estudios y anular el sistema de cogobierno vigente.
Siempre la derecha se opuso a la libre enseñanza y el acceso irrestricto a la universidad, esto generaba focos de sedición por el “uso inadecuado del pensamiento” “... Mucho pensamiento puede llevar al uso de conductas equivocadas...” fueron las palabras del ministro del interior de entonces.
Estados Unidos se hallaba enfrascada en la “Guerra Fría” temía al fantasma del comunismo en la región, y manejaba desde la “Escuela de las Américas” en Panamá el adoctrinamiento de los militares latinoamericanos para que en sus respectivos países actuaran en concordancia con las ideas de la Casa Blanca.
Así nació la idea de una región militarizada que respondiera a las directivas de Washington que premiaba esta alineación con el reconocimiento, apoyo logístico y económico para los militares en el poder.
El 30 de septiembre de 1974, se promulga la ley 20.840 de Seguridad Nacional, que en su artículo 1º reprime las actividades políticas que alteren o supriman el orden institucional y la paz social de la nación, por vías no establecidas por la Constitución Nacional y las disposiciones legales que organizan la vida política, económica y social de  la Nación.
Así nació el monstruo pinochetista en Chile del 73, el respaldo irrestricto a Stroesner en Paraguay y a “Tacho” Somoza Debayle en Nicaragua, quienes venían controlando sus respectivos países desde hacia varias décadas.
Esta situación en Nicaragüa llevó al asesinato de Somoza y a la revolución Sandinista de 1978.
Con el advenimiento de un Demócrata como Jimmy Carter a la Casa Blanca en 1977, comprometido con los derechos humanos, se rompe la totalidad del respaldo militarista en América Latina y comienza una etapa de restricciones que a los militares les costaba digerir.
Son constantes en esos años la tirantés existente entre nuestros militares y el gobierno de los Estados Unidos que por un lado les daba su respaldo a la supuesta lucha anticomunista pero les cuestionaba sus métodos, exigía respetar los derechos humanos, cosa que los militares no aceptaban.
Por entonces varias inspecciones de la administración Carter se realizaron en nuestro país, incluyendo viajes de Jorge Rafael Videla a Washington para explicar el accionar militar en Argentina.
Después del 66 la juventud vio que el objetivo de los militares no sólo era apoderarse del control del país sino exterminar todo foco de oposición, ellos y todo lo que representaban estaban en la mira.
Así nació la reacción a una acción.
Como ocurre en todo movimiento social, los sectores populares y pensantes de la sociedad  reaccionaron en contra de la imposición forzada de un sistema que los excluía, y destruía todos los logros democráticos, y la plena participación en la vida social y política de la Nación.
Los mayores tardaron en reaccionar, en darse cuenta de lo que estaba sucediendo, fueron los jóvenes quienes vislumbraron el devenir de la historia y se lanzaron a la lucha, una lucha desigual y desorganizada que costó miles de muertos, en contra de un aparato instalado en el poder del Estado.
Pero a partir de 1966 el desorden institucional fue evidente y en particular en las universidades que fueron verdaderos focos de resistencia.
Muchas fueron intervenidas, las más importantes y conflictivas, donde se convertían en una “isla de sedición” como ocurrió en Bahía Blanca con la UNS.
Bahía Blanca es una sociedad signada por la fuerte presencia de La Base Naval Puerto Belgrano a 26 kilómetros y en su propio ejido el 5° Cuerpo de ejército en Parque de Mayo, además es el lugar de residencia de la familia Massot dueños de medios de comunicación bien conocidos como el diario “La Nueva Provincia”.
Se entiende porque la universidad del sur se convertía en un punto neurálgico a ser controlado.
Para hacerlo fue nombrado el 3 de febrero de 1975 el rumano Remus Tetu Interventor de la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca) y, por depender de ésta la Universidad nacional del Comahúe, (Provincia de Neuquen) que aún se hallaba en formación buscando su autonomía, cuestión a la que Remus Tetu se negaba rotundamente.
En ambos casos la colaboración de Remus Tetu con la triple “A” (AAA) creada y dirigida por el nefasto López Rega, era total y sus resoluciones eran, en la práctica, sentencias de muerte.
Fue nombrado como rector a propuesta de la Marina de Guerra que tenía un control político total del Ministerio de Educación a través del Subsecretario de Universidades designado por esta arma.
Toda esta etapa la viví porque trabajaba y estudiaba en la naciente Universidad del Comahue, me hallaba comprometido en la construcción del sindicato del personal no docente de la Universidad y para lograr su autonomía.
Vivencié en carne propia como operaban estos grupos y de que manera obligaban a los jóvenes, que no comulgaban con sus imposiciones, a rebelarse en su contra.
Existen referencias más que conocidas sobre esta etapa del militarismo que no sólo nombraba interventores universitarios sino que disponía de las provincias a su antojo nombrando interventores militares como ocurrió en Río Negro con el General Vicente Requijo.
Dicho militar, ya fallecido, fue gestor e instigador de una reacción popular en el Alto valle de Río Negro que se conoció como “Rocazo” por tener epicentro político en la Ciudad de Gral. Roca de dicha región.
De lo antedicho se desprende que el “Proceso de Reorganización Nacional” no fue más que un eufemismo para lograr la continuidad de un proceso de apoderamiento institucional del país haciendo que sus acciones pasaran a formar parte de un proyecto institucional, no clandestino, que permitiera, en el marco institucional de Estado, ser reconocido por otros países.

Esto no significaba dejar de lado la forma de hacer las cosas que había caracterizado a los militares hasta ese momento, pero sí una sistemática forma de repartirse la torta de los beneficios que instituyeron para cada arma: Ejército, Marina y Aeronáutica, el 33,33% de los cargos y puestos de relevancia en la administración Nacional.
A partir de ese momento se dejaron de lado antecedentes, concurso y todo tipo de selección especializada, pasando cada cargo o puesto a ser la prestación un servicio en el arma correspondiente, eso sí,  “sin goce de haberes” ...  sólo con goces de “Beneficios”. 
Los argentinos generalmente somos frágiles en materia de memoria, quizás porque preferimos ocultar nuestros propios errores esgrimiendo ésta falencia.
Con los antecedentes de nuestra historia reciente, luego del “Nunca Más” o del cúmulo de información que se ha dado a conocer, de primera mano, de lo sucedido en aquellos años, no puedo creer que aún subsista la idea de que todo empezó el 24 de marzo de 1976.
Ya en los años anteriores muchos militantes o simplemente quienes se encontraron de pronto involucrados en un accionar conflictivo en contra de esos poderes espurios o “de facto” que se imponían a la sociedad, fueron detenidos y puestos a “Disposición del Fuero Federal Antisubversivo”  que significaba ser juzgado por reglas militares y no civiles.
Nuestras fuerzas armadas fueron utilizadas para servir a fines personalistas y sectoriales, de ninguna manera se defendieron aquellos principios para los cuales fueron creadas, sirvieron a las ambiciones y alocados planes de unos pocos en desmedro de toda la ciudadanía.
En ese alocado plan se involucra a las fuerzas de seguridad y a todos aquellos que consustanciados con esta Argentina elitista se identificaron con ese sector militar que había accedido a lo más alto en la cadena de mandos, no sin antes haber gestado varios enfrentamiento entre grupos de poder, recordemos el enfrentamiento entre “Azules y Colorados”.
Debemos recordar el 24 de Marzo para que una instancia como ésta no vuelva a suceder en el país, pero también recordar con mayor persistencia que a esta instancia se llega permitiendo que destruyan o avasallen los derechos constitucionales, democráticos y humanos desde aquellas pequeñas situaciones que nos parecen insignificantes.
Recordemos que las cosas grandes se construyen con la sumatoria de actos pequeños. 

Gaia se revela

 

Solo un aviso


Los trágicos y lamentables sucesos en Japón me impulsaron a escribir, no porque lo que tenga que decir sirva para algo, en este desastre global que nos toca vivir, creo simplemente que lo que sigue es una intima reflexión sobre nuestro comportamiento y las respuestas que nuestro planeta nos está dando.


Sí, creo que el terremoto que, desde hacía 140 años no se producía, y el posterior Tsunami que arrasó con el sufrido territorio de la Isla de Japón, es un trágico aviso del planeta para advertirnos de todo aquello que hemos hecho mal.
No es contra el pueblo del imperio del sol naciente en particular, por el contrario se dio en ese lugar por ser una zona de permanentes cambios geológicos, como ya los expertos saben.
Podría haber ocurrido en el Pacífico en la falla de San Andrés, en las costas Norteamericanas, o en la gran fosa abismal del Océano Atlántico donde la inexperiencia de los pobladores continentales hubiera convertido este fenómeno en un verdadero Apocalipsis, como titularon algunos lo sucedido en Japón.
La educación, cultura y experiencia ante estos fenómenos fue aquello que atenuó la tragedia y le permitió al Japón sobrevivir, aún con la enorme perdida en vidas humanas y en su economía, que aún no ha sido debidamente justipreciada.
Si Gaia determinaba que el sitio fuera cualquiera de los expuesto, en lugar de Japón, la tragedia se hubiera cuantificado exponencialmente.
El hecho de que dos sucesos, terremoto escala 8,9 y posterior Tsunami, dieran una cruel demostración de lo terrible que la naturaleza puede mostrarse, dejó a los expertos en centrales nucleares y en particular a quienes tienen la particular tarea de enfriar la permanente reacción nuclear que se produce en el reactor, asombrados, desprotegidos y expuestos al desastre.
El enfriamiento forzado, por inyección de agua libre de impurezas, fue ineficiente debido al corte de energía, inmediatamente posterior al terremoto, que plantó las bombas, dejando sin agua el sistema.
El posterior ingreso de agua de mar, producto del Tsunami, proveyó de una refrigeración totalmente inadecuada, agua totalmente contaminada, sucia que no solamente crea una reacción adversa en el reactor, de nefastas consecuencias inmediatas para los seres humanos y el medio ambiente, sino que lo dejara inservible para siempre.
Aún están flotando los fantasmas del pasado ante nuestras retinas y en nuestros corazones, Chernovyl es aún, un cementerio que nos recordaba la estupidez humana pero no fue suficiente, corregimos errores pero cometimos otros, y seguimos adelante sin darnos cuenta de nuestra equivocación.
Lo ocurrido es asumido como una tragedia que sufrió el pueblo japonés pero que nos afecta  a todos y por supuesto, somos todos culpables.
No es tomado como una advertencia trágica de lo que podría suceder y esto es lo que me preocupa.
Los hombres en nuestra soberbia creemos que somos capaces de todo, pero el precio que pagamos por este error es muy alto, aún cuando creo no haberlo visto todo.
Es posible que en esta trágica experiencia se encuentren las respuestas para varios de los errores cometidos en la isla por parte de los responsables de las centrales nucleares.
¿Capitalizarán estas respuestas para actuar en consecuencia en forma inmediata o seguirán actuando desaprensivamente, como hasta ahora?
Es el repetitivo uso de la energía nuclear un mal menor, como dicen sus defensores, aún cuando acabamos de sufrir la trágica advertencia de Japón, frente a otros sistemas más contaminantes o peligrosos.
Contrariamente a lo que expresan los impulsores de su uso ningún sistema, aún el más contaminante o peligroso, en el momento de su instalación o explotación, deja residuos o desechos que perduran durante miles de años con la misma peligrosidad que aquella que tenía en su manifestación más pura.
Esta peligrosidad manifiesta deja, (la del uso de la energía atómica), el problema grave de la reposición de los desechos tóxicos que comprometerá el territorio que lo contenga, aún cuando se hayan utilizado las máximas precauciones en los contenedores de los desechos o estos se encuentren depositados en terrenos graníticos supuestamente seguros.
Lo ocurrido en Japón me otorga la razón y pretendo responder con esto a quienes refutan las advertencias planteadas por los ecologistas, yo no lo soy, simplemente me considero un ciudadano preocupado por el devenir del mundo.

viernes, 18 de febrero de 2011

El periodismo Ejercido como necesidad

        Quienes visitan mis blog podrán observar la poca producción que ha surgido de mi PC en los últimos meses.
Es justamente esta cierta apatía por lo que sucede a mí alrededor o lo poco que impactan en mis sentidos los acontecimientos, de por sí predecibles, de nuestra sociedad globalizada, aquello que ha limitado mi producción periodística.
Por supuesto que llegado a esta instancia, me pregunto si no ha llegado el momento de “colgar los guantes” y seguir escribiendo los temas que me ocuparon estos meses.
El periodismo surge como una imperiosa necesidad de expresar nuestro pensamiento ante sucesos sociales que merecen una explicación o una respuesta que nos sirva al conjunto; uno supone tener una argumentación plausible que la explique o responda queriendo hacerla llegar, al menos, a quienes nos siguen.
Es en estos periodos de apatía que se obnubila toda creatividad, curiosidad, e interés por nuestro entorno, nos parece que nada merece nuestra atención o nuestro análisis.
Es posible que esta sensación sea un valor agregado a los años, la experiencia, y el hastío, por aquello que pretendemos comprender, analizar o explicamos, pero no podemos cambiar... todo sigue igual.
Es en estos momentos cuando surge el periodista que niega la posibilidad del cambio por la simple razón de explicar los hechos.
Los cambios son motivados por la imperiosa necesidad de cambiar que tiene la sociedad global, no porque un periodista pueda dar una explicación o una argumentación, más o menos plausible de lo sucedido; Esto pudo motorizar un análisis quizás más profundo de un suceso pero es, sin lugar a dudas, la sociedad en su conjunto quién propiciará ese cambio.
Es quizás esa apatía social para producir los cambios, tan necesarios que requiere nuestra sociedad, aquello que me produce este enorme descreimiento y mi propia apatía para decir lo que pienso, convencido que no podré inducir o motorizar las modificaciones requeridas.
Sin embargo esa es la función del periodista, expresarse, aún sabiendo que su palabra, sólo será eso, su palabra.
Existen momentos en la vida de los seres humanos que nos preguntamos si lo nuestro, aquello que hacemos, sirve o cumple los objetivos por el cual lo hacemos, en particular cuando nos aproximamos a la encrucijada de la vida.
Esta es mi situación actual, si bien creo haber dado todo lo que podía dar en ese objetivo de hacer un mundo mejor para mis hijos, creo que ese esfuerzo, si bien los veo como un fracaso, no ha sido en vano.
Todos desde su ámbito debemos hacer lo posible por concretar nuestros sueños, y en ese llevarlos a la práctica, en esa militancia social, se aportan situaciones y circunstancias que contribuyen al crecimiento de la sociedad y la cultura, no importando si los intereses personales, mínimos si nos atenemos a los objetivos globales, se ven reflejados finalmente en nuestro hacer. 
Ese “Duro oficio de escribir” es sin lugar a dudas aquello que elegí para este viaje interrumpido que llamamos “vida”, y porque no “Muerte”, (Ver “a Vida Infinita”)
Es bajo esta premisa que espero pase pronto este momento de quietud creativa y me permita seguir haciendo lo que me gusta, no sé si es lo que sé hacer, esto deberá decirlo usted que en definitiva es el destinatario de aquello que escribo.
A quienes me siguen, y se detienen a leer mis notas les pido disculpas, quizás la sociedad me envíe esa sutil señal que me impulse a expresarme, aún cuando sólo lo lea usted, para mí es más que suficiente.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Sobre el uso y abuso del término
“Originario”


Desde hace unos pocos años, se generalizó el uso del vocablo para referirse a los pueblos indígenas del territorio; fue por los años noventa en estas latitudes, después de la reforma constitucional de 1994; desde entonces estamos intentando contrarrestar el uso abusivo y tendencioso que se hace del término.

Porque decimos abusivo y tendencioso, simplemente porque si bien el término siempre existió y se aplica para definir a los individuos, personas o cosas naturales de un territorio como lo establece la “Real Academia de la Lengua” en sus dos acepciones: 1. adj. Que da origen a alguien o algo. 2. adj. Que trae su origen de algún lugar, persona o cosa.
El mismo, aplicado en el Continente Americano y sin el contenido temporal que acote o delimite su ingerencia; desvirtúa sus contenidos lingüísticos o sus aplicaciones gramaticales debido a las características propias del proceso histórico-cultural que se desarrolló en el Continente y por la interpretación que, de dicho proceso, se realiza desde las Ciencias Sociales.
Tampoco es aceptable que quienes dicen entender la cuestión lo utilicen por “falta de otro mejor” cuando los propios indígenas que propiciaron la reforma constitucional de 1994 impulsaron la incorporación de su reconocimiento como pueblos “Indígenas” como lo establece el Art. 75.- inc: 17 de la Constitución Nacional Argentina.
Hasta donde sabemos el término “Indígena” puede ser sinónimo de “aborigen” u “Originario” sin embargo éste último encierra en sí mismo el principio de origen, nacimiento de una cosa, todo origen o principio, entabla un comienzo de “algo” en tiempo y forma, mientras que los otros dos vocablos no lo establecen como fundamento de su aplicación.
3. Indígena y Aborigen. Adj. Oriundo de un lugar o paraje.
(Donde esa persona ha nacido pero no necesariamente hayan nacido sus ancestros, o donde haya principiado su linaje.)
Para entender mejor esta situación debemos comprender que circunstancias generan la necesidad de dilucidar en forma concreta el uso y aplicación de dicha terminología en el contexto histórico-social del Continente Americano y las implicancias que su aplicación, incorrecta o inadecuada, tendría para los involucrados.
Primeramente debemos suponer o comprender que éste análisis se realiza dentro del marco jurídico impuesto a los pueblos del continente a partir de su Colonización o Conquista, aspecto que impulsó un orden jurídico que guía la vida de todas las naciones del Continente.
Asimismo cada país al independizarse de España, o de la potencia colonialista que la propició establece sus normas jurídicas y su geopolítica territorial y cada persona queda incorporada a las normas o leyes que rigen o regulen la vida en dicho territorio.
Así si bien pueda existir una cierta aceptación gramatical para el uso indistinto de dos términos, el análisis puntual, meticuloso y específico de los vocablos en entredicho pueden ofrecer la claridad suficiente como para limitar su aplicación.
Ardua fue la tarea de los juristas para entender la diferencia entre “Nacionalidad” y “Ciudadanía”, toda vez que la sinonimia aparente de ambos vocablos hacia que se cometieran gravísimos errores.
La aparente sinonimia de ambos vocablos llevó a confusiones por muchos años en los fueros judiciales de Argentina hasta que se decidió analizar los contenidos gramaticales y lingüísticos de los mismos y definir su verdadera aplicación. (Ver “Pablo A. Ramella “Nacionalidad y Ciudadanía” editorial Depallma, Bs. As. 1978.)
Es importante analizar los conceptos gramaticales que conllevan el uso de ambos términos y cada uno en su formación y aplicación para comprender que la aparente sinonimia es confusa y contradictoria, toda vez que el uno difiere del otro en sus contenidos: Particularmente la ingerencia en el vocablo “originario” de un factor tiempo implícito, sin el cual se desvirtúa su aplicación.
Cuando usamos el término en forma genérica estamos aludiendo que los indígenas son “originarios” y no todos los aborígenes lo son, en un territorio dado.
Así como existe un antes y un después de las respectivas fechas de independencia de los respectivos países.
Antes de dichas fechas los indígenas mantenían solamente su identidad étnica o pertenencia a tal o cual nación, posteriormente el orden jurídico y geopolítico impuesto los identifica sí con su pertenencia étnica, pero para los Estados Nación tienen la nacionalidad de todos los habitantes de dicho territorio y ajustado a los mismos derechos y obligaciones como lo establece la Carta Magna de cada País.
Si bien es cierto que estas expresiones siempre fueron en detrimento de los pueblos indígenas y muchas veces la expresión de las letras constitucionales nunca se cumplieron o se violaron, como sigue haciéndose en nuestros días, el hecho de ser personas jurídicas en el marco de la legislación vigente, intentó revertir los procesos de arbitrariedad ante los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas.
En territorio Argentino no podemos decir que los pueblos indígenas que viven en él sean “originarios” o por lo menos, no aplicado a todos ellos.
Y este cuestionamiento surge como corolario de la intromisión del pueblo Mapuche en territorio nacional a partir de 1818 en adelante, otros autores hablan de 1836, como sean ambas fechas son posteriores a la creación del Estado Argentino.
Los Mapuche son indígenas de Chile e ingresan como cuñas invasoras en las fechas predichas para apropiarse de tierras y combatir a los indígenas del Este de la Cordillera de Los Andes. De Boros, Chile, llegan los Boroganos en connivencia con la “Liga de los Hacendados” cuyo principal exponente fue Juan Manuel de Rosas, quién luego sella un acuerdo con el gran lonko Huilliche, Calfucurá, para combatir a los Ranqueles, y a quién le entrega tierras en Salinas Grandes, este asesina a sus compatriotas en Masallé, por ordenes de Rosas quién sospechaba una posible alianza entre Boroganos y Rankulche..
Utilizar a la ligera el vocablo “originario” implica desconocer los procesos históricos que conllevan la relocalización territorial dentro de límites, fronteras, preestablecidas por los Estados Nación.
Si pretendemos generalizar y decimos que somos “originarios” del Continente Americano es cierto ya que salvo aquellos que en épocas modernas bajaron de los barcos como mis abuelos inmigrantes; Paleoindios y Amerindios, los Americanos ingresaron por Behring y posibles corrientes migratorias transoceánicas hace miles de años.

viernes, 29 de octubre de 2010

Recibido en nuestra Redacción

La muerte de Néstor Kirchner: el corazón y la política
Por Daniel V. González
Probablemente haya que buscar más en la política que en la Ciencia Médica las razones de la muerte súbita del ex presidente Néstor Kirchner.
Hombre de temperamento atrabiliario, Kirchner entendía el poder como un ejercicio personal, indelegable y cotidiano. Lejos de descansar enla delegación de funciones, distante de reposar y confiar en los juegos naturales de las instituciones democráticas, Kirchner vivía el poder como algo personal y, en consecuencia, de dimensiones absolutas. Intensidad y obsesión eran dos presencias cotidianas en su modo deejercer el poder. Ese modo de entender la política –y la vida- lo llevó a la muerte prematura. Pero fue la propia dinámica de sus actos la que, además, fue construyendo un contexto que con el paso del tiempo se le había tornado hostil.
Cada batalla –grande o pequeña- era una apuesta a todo o nada. Cada debate, una lucha a muerte. Cada diferencia de opinión,un intento de golpe de estado.Asumió el poder en condiciones excepcionalmente favorables para el país y, en general, para el mundo emergente. Los formidables precios de los commodities, gracias al aumento de la demanda promovido por China e India, hizo que la Argentina gozara de una ventaja estimable, basada en su producción agropecuaria, potenciada tras el silencioso proceso de transformación del agro nacional durante las últimas décadas. Los precios excepcionales permitían mantener un alto nivel del gasto público, a la vez que un superávit comercial desacostumbrado. Vivíamos en un mundo perfecto. Todo comenzó a complicarse hacia marzo de 2008, con la crisis del campo. Las razones de la crisis hay que buscarlas más en la política que en la economía. Una discusión por el volumen de las retenciones derivó en un duro enfrentamiento con un sector integrado por muchos de sus propios votantes. Y a partir de ahí, todo su gobierno entró en una pendiente de la que nunca pudo recuperarse pese a los datos que reflejaban las encuestas que cada día le acercaban sus consultores amigos. Las elecciones de2009, imprevistamente, lo tuvieron como perdedor aunque su apuesta había sido la máxima posible: él mismo había encabezado la lista de diputados nacionales para la Provincia de Buenos Aires. Pero fue derrotado.
Desde ese día abrigaba una sola obsesión: destruir al Grupo Clarín, al que responsabilizó por su derrota electoral. Era su máxima ambición al momento de morir. Pensaba que su destino político estaba atado a esa batalla previa. Por esa ley, pero no sólo por ella, comenzó aenfrentarse con la Justicia, incluso en sus máximas instancias. Su concepto del poder no se detenía ni ante una resolución de la Corte Suprema. Todo aquél que no estaba de su lado era descalificado, maldecido y demonizado.
Pero ya todo había comenzado a complicársele inexorablemente. Su visión acerca de la naturaleza de las dificultades que enfrentaba su gobierno era de una elemental y engañosa simpleza. Los tiempos del crecimiento amable y sencillo habían pasado. Se avecinaban tormentas y esta situación era percibida con claridad por todas las encuestas de opinión que le anunciaban con claridad el final de su ciclo. Y esos problemas también eran registrados por el propio cuerpo de Néstor Kirchner.
Lentamente pero con una velocidad que iría creciendo, comenzó adesarticularse su frente interno. Varios intendentes del conurbano bonaerense, sumamente prácticos y acomodaticios, comenzaron a buscar nuevos horizontes ante la perspectiva cierta de que Kirchner fuera derrotado en las elecciones de octubre de 2011. Pensaba que Daniel Scioli estaba detrás de esa fuga y lo increpó duramente en público un mes atrás.
Su enfermedad coronaria no es ajena a este horizonte de dificultades crecientes. Todas las observaciones realizadas por la prensa y los políticos opositores acerca de la fragilidad de su salud, fueron tomadas como una ofensa que buscaba pintar con trazos de debilidad la personalidad del hombre fuerte de la Argentina. La realidad inmediata demostró que, otra vez, Kirchner estaba equivocado. Lo que puede venir ¿Sobrevivirá el kirchnerismo a la muerte de Néstor Kirchner? No está escrito.
El kirchnerismo ha sido, en cierto modo, un revival de los años setenta, una extensión en el tiempo de los días en que Cámpora, con los votos de Perón, habitó brevemente la Casa Rosada. El núcleo duro del kirchnerismo eran los hombres de aquel tiempo, con el discurso de aquel tiempo, con las obsesiones y odios de esos años pero en un mundo que ya había cambiado en lo sustancial. Kirchner chocó con las dificultades propias de su estilo confrontativo y visceral, colisionó con los enemigos que él mismo, prolijamente, había decidido construir. Pero –y quizá esto sea lo más importante- Kirchner se desmoronó en su empeño de leer y vivir como en los setenta un mundo en el que ya no quedan casi rastros de ese tiempo también incierto. O, dicho de otro modo, lo que queda de él es una supervivencia ideológica cada vez más divorciada de una realidad que se desplaza en un sentido distinto y que demanda, también, ideas distintas. Es cierto que el partido del poder recibirá un impacto inmediato con la desaparición de su máximo líder, el hombre que concentraba todo el poder real y que lo ejercía cada día.
Se abre para su esposa, nuestraPresidenta, un tiempo cuya incertidumbre dependerá de sus propios actos, de lo que Cristina Fernández haga de ahora en adelante. El kirchnerismo se había transformado, con la vestimenta del peronismo y el uso de la sigla partidaria, en un gran partido de izquierda. Ahí confluyeron distintos sectores de la izquierda tradicional (socialistas, comunistas), sectores del peronismo de izquierda que reivindican a las organizaciones armadas y el terrorismo y sectores del nacionalismo popular de izquierda. Coexisten con ellos, franjas moderadas de las clases medias urbanas y de los trabajadores sindicalizados. De este polo político se habían desprendido personajes tales como Pino Solanas (que sin embargo apoyó parlamentariamente a Kirchner en temas fundamentales), Sabatella y otros menores, distanciados, sobre todo,por cuestiones de estilo y de espacios de poder, más que por diferencias ideológicas o políticas. ¿Podrá mantener Cristina Fernández el liderazgo de este polo del progresismo y la izquierda? No lo sabemos. Lo cierto es que desde la crisis entre los Kirchner y el campo se está abriendo paso en la política argentina, más allá de los partidos, la demanda de un nuevo estilo político en el que la crispación y los enfrentamientos cotidianos cedan el paso a la elaboración de un programa de objetivos concretos de coincidencias que subordinen las acciones de los próximos gobernantes a una grilla de prioridades nacionales consensuada entre las fuerzas de una nueva dirigencia y una nueva mayoría. El nuevo tiempo político supone también tomar nota de un contexto mundial en el que no tienen cabida políticas locales que han probado reiteradamente su fracaso. El país debe actualizar sus puntos de vista y sus políticas respecto de los principales problemas de la economía mundial. De este modo podrá aprovechar mejor estos años dorados en los que nuestros productos son demandados y pagados a precios sin precedentes.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Una perdida inesperada


Murió Néstor Kirchner


Ante el tremendo desenlace en el que derivara el fallecimiento del ex Presidente a las 09 horas del día en la localidad de El Calafate, provincia de Santa Cruz, Argentina. Es importante destacar la personalidad del líder de un gran sector del país que supo blandir con efectividad las banderas de las ideas y convicciones personales que les fueron propias durante toda su vida.
Se le podrán endilgar muchas contradicciones pero nunca se podrá decir que no fue consecuente con sus ideas, representó fielmente a quienes buscaban enfrentar a los poderes ocultos, que manejaron el país desde las sombras durante tanto tiempo, quizás ese enfrentamiento no discurrió por los carriles o canales más adecuados o fructíferos, para los momentos políticos que se vivían en el país, pero indudablemente esto respondía a su fuerte personalidad y liderazgo.



Néstor Kirchner fue un hombre simple nacido el 25 de febrero de 1950 que por la fuerza de sus ideas y convicciones se instaló en un momento político social que le otorgó un lugar fundamental en la historia política del país.
Como el mismo manifestaba fue un hombre con profundas convicciones ya que “... un hombre que no las tuviere no le servía a los hombres ni al país...”
Defendiendo esta postura fue plasmando su personalidad en las acciones cotidianas durante su mandato y luego durante el período de su señora esposa, el actual presidente de los argentinos, Cristina Fernández de Kirchner.
Indudablemente su fuerte personalidad y, como ya dijera, la fuerza de sus convicciones lo posicionaron fuertemente en el ideario de los argentinos como uno de los líderes indiscutidos de las fuerzas políticas argentinas.
Tanto sus seguidores como sus opositores supieron de la fuerza de sus ideas que modelaron la vida política de la última década y su deceso inesperado, por lo repentino, consterna a toda la sociedad Argentina y Latinoamericana.